El virus ¿es “democrático”?

Por F. Paolo Aldea Q

“El virus es democrático” parece ser el nuevo modismo utilizado por el Presidente Viz­carra en sus últimos monólo­gos de mediodía, a los que ya nos tiene acostumbrado; pero, ¿nos encontramos realmente ante un virus democrático? pregunta que si la plantea­mos democráticamente a todos los peruanos, dejarían mal parados a los que se aíslan “voluntariamente” en la casa de Pizarro.

Tengo la impresión de que este virus no tiene nada de democrático: no hay sesgo de democracia en el momen­to que acata a sus víctimas, y menos, en la respuesta Estatal para mitigar sus efectos.

Diversas medidas han sido difundidas por la comunidad científica y por el gobierno parta evitar el contagio con este virus; sin embargo, cada una de ellas están asociadas a un costo directo e indirecto al ciudadano; así por ejemplo: i) quedarse en casa en lugar de ir a trabajar, ii) utilizar guan­tes, mascarillas y alcohol en gel cuando interactuamos, iii) dejar de ir a un mercado ma­yorista para evitar la muche­dumbre reemplazándolo por hacer las compras en una bodega cercana y iv) no utilizar medios de transporte masivo, tienen un costo que perfectamente puede cuantificarse en indicadores mo­netarios.

Si esta reflexión económica se traslada a un país con marca­da brecha social, donde el 23.3% de peruanos están en situación de pobreza y extrema pobreza (INEI: 2019) es decir con ingre­sos inferiores a S/ 344 y S/183 mensuales, la imposición de medidas homogéneas a sectores económicos diferentes resulta una estrategia incongruente a la realidad peruana que está produciendo consecuencias mas­cadas por injusticia, represión, abusos y transgresión a derechos fundamentales.

El Gobierno, por un lado, enfocó sus recursos en una re­acción post-infección, intentando mejorar la respuesta del sistema de salud frente a los pacientes con sospecha o diagnóstico de COVID 19; pero al mismo tiem­po, perdió la oportunidad de im­plementar una política de salud preventiva sobre todo en sectores con mayor vulnerabilidad, que hubiesen permitido mantener vigente algunos sectores y giros económicos y reducir el contagio en escenarios de aglomeración social.

Otro frente que merece abor­dar es la política del Estado para mitigar los efectos de esta pandemia, estos días hemos sido testigos de diversos programas a cargo del MEF, MIDIS y otros sectores ministeriales e incluso decisiones de transferencias de presupuestos a las estamentos regionales y locales; ninguno ajeno de cuestionamientos y críticas, pero todo escenario de emergencia justifica que se tomen decisiones rápidas y con un nivel de error menos previsible, la pretensión de perfección solo nos llevaría a dejar de hacer lo urgente, y con ello a perder la oportunidad de mitigar del daño.

Cierto es también que han existo decisiones con alta do­sis de populismos, y otras con marcada estrategia de “co-res­ponsabilidad”, las primeras per­mitirán al Presidente mantener la tendencia de aceptación -que no le es menos importante- y las segundas permitirán a la ciudadanía -incluso antes que termine esta emergencia -en­contrar culpables más cerca de sus casas y más lejos del palacio de gobierno.

Los hombres y los gobiernos se equivocan ¡Que Dios no lo haga!
FF. PAOLO ALDEA Q.

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